X Territorios

La pintura de Héctor de Anda se funda en uno de los grandes paradigmas del arte, el principio del plano. La superficie ha sido el núcleo del arte pictórico desde sus más remotas manifestaciones y, si nos atenemos a su soporte estructural, continuará siéndolo. El plano es a la pintura como el volumen lo es a la escultura, aun cuando la incorporación de la perspectiva y las grandes experimentaciones del siglo XX alteraran este principio medular, no podemos dejar de pensar que la pintura es, en su expresión más rotunda y elemental, una superficie con color.

Héctor de Anda parte del plano y divide las superficies en una red de cuadrícula que trabaja con color. Los planos seccionados son a veces monocromáticos con sutiles matices de tonos neutros y otras tienen aplicaciones con colores vibrantes. Pero en uno u otro caso sus cuadros se nos presentan como una totalidad visual que parece inabarcable. Superficies all over que pueden verse como "cuadros- objeto". Pintura pura que se representa a sí misma. Pintura tributaria de los ejercicios de Paul Klee y de las experimentaciones del neoplaticismo de Mondrian y Van Doesburg.

Este ascetismo visual que parece despojado de cualquier detalle anecdótico, se rompe cuando percibimos en él elementos táctiles. Delicadas texturas en las que se advierten signos y palabras; escritura que singulariza cada sección, pero que no impide la unidad de los fragmentos. Percibimos también una especie de movimiento generado por un efecto óptico en el que los planos se contraen y se expanden como en un juego de sístole y diástole.

Una de las preocupaciones del artista es la memoria, esa característica que, entre otras muchas, nos confiere la condición de humanidad. El flujo incesante de la memoria queda grabado en esas anotaciones como si se tratara de escritura automática, viejo recurso surrealista que quizá conoció su mejor vertiente en las grandes telas de los pintores del expresionismo abstracto. Su obra es territorio infinito para una mirada que intuye que solo percibe el fragmento de una totalidad de la que no se puede conocer su extensión exacta. No debe extrañarnos que estas superficies reticulares evoquen la memoria. ¿Cuántas extensiones infinitas están ocultas para nosotros, perdidas en los meandros de ese universo interior? Un pensamiento o un recuerdo pueden ser, dentro de esta lógica, solamente una pequeña partícula visible, o para usar la metáfora recurrente, la punta del iceberg.

La otra cara de su trabajo, son sus creaciones escultóricas. Módulos en serie hechos a partir de materiales nobles como la obsidiana y el ónix. La repetición y acumulación de fragmentos es, al igual que en la pintura, el punto de partida. Pero el efecto logrado con las esculturas es distinto; aquí encontramos aristas y formas orgánicas con claras referencias totémica. Si su pintura es, por su referencia a la memoria, una invitación a dejarnos caer al interior de nosotros mismos como lo expresó Huidobro en su poema seminal Altazor , su escultura es una evocación al pensamiento gregario y un recuerdo de la matriz sagrada que se encuentra en la base de toda cultura.

Ernesto Sosa

 
 
Página Inicial | Obras | crítica | Curriculum | Publicaciones | Catálogos | Invitaciones | Contacto
Copyright 2006 - www.hectordeanda.com - Todos los Derechos Reservados
 
 
Sitio Web Optimizado para 800 x 600 pixeles