Campo de miradas ofrece muchas posibilidades de interpretación; yo quiero plantear sólo dos distintas pero no excluyentes: una afirmación sobre el acto de mirar que nos asume como seres humanos en medio de los otros y una celebración del mirar como elemento constitutivo de las artes visuales.
En la primera, se trata de una alegoría de la persona humana en una de sus expresiones fundamentales: su capacidad de mirar y, por lo tanto, de conocer y reconocer al otro; su mirada, su rostro. Para Emanuel Levinas, el filósofo de la alteridad, la mirada es la ventana para introducirse en el otro infinitamente diferente. En la segunda, se pone de relieve el campo de lo visual, que es también el campo, otro, de la subjetividad humana; si somos prisioneros de nuestra experiencia sensible lo somos particularmente de nuestro ojo; nuestro receptor de la realidad. Las artes visuales, a las que alguna vez Duchamps llamó retinianas, se sustentan, como su nombre lo indica, en esta capacidad sensible.
En esa primera posibilidad de lectura, Campo de miradas es un relato abierto urdido entre los otros y yo , aquellos que me vieron y me identificaron como persona. Reconocí y fui reconocido. Se estableció un vínculo afectivo; una complicidad lúdica que muchas veces aparece en el juego de miradas.
El registro de esta relación afectiva entre los participantes mediante la grabación del ojo, durante los segundos que tarda la toma en video, es determinante para que estalle una relación cómplice. La mirada establece, más que la palabra, la relación con el otro. Sostener la mirada por siete segundos con la otra persona implica un desafío a la intimidad.
El espectador de este campo de miradas puede sentirse intimidado; de pronto descubrirse mirando y mirado; devenir un voyeur y, a la vez, ser el objeto de esas miradas, tan personales, tan cercanas tan anónimas. Pero en este intercambio hay también una experiencia que yo he sentido al ser mirado. Los ojos que me vieron tienen un poco de mi historia, un trozo de mi espíritu; como yo poseo también una parte inasible de los otros.
En la segunda posibilidad, el ojo es también la reivindicación de lo visual, aquello que permite la existencia de una vertiente muy importante del arte. La mirada es uno de los temas del cuadro más emblemático del arte "retiniano", Las Men i nas. La Infanta Margarita aparece en el cruce de las miradas entre el pintor y la imagen de los monarcas reflejados en el espejo. El iconoclasta Duchamps interpretó el acto de m i rar como el dador de sent i do en todo hecho visual. Su obra Etant donnés : 1 chute d'eau, 2 Le gaz d'éclairage, convierte a todo espectador en mirón de un acto perturbador.
Campo de miradas nos da ésos y otros muchos sentidos, porque los cientos de ojos en los monitores son también los hombres y mujeres que conozco. Además, la sabiduría popular lo ha dicho desde hace mucho tiempo: los ojos son las ventanas del alma, y yo realmente lo creo.
Ernesto Sosa